¿Sabías que la hemocromatosis hereditaria es la enfermedad genética más común entre las personas europeas de raza blanca? Pues así es. No obstante, hay que destacar que la mayoría de personas que padecen esta mutación no llegan a desarrollar problemas serios de salud. Pero, vayamos por partes.

Antes de nada, expliquemos que esta enfermedad provoca que el cuerpo absorba demasiado hierro de los alimentos que consume y que, además, no lo elimine de manera óptima. El exceso se acumula en órganos vitales, como el hígado, el páncreas o el corazón y los intoxica. A la larga, puede provocar otras enfermedades de pronóstico más grave como cáncer, diabetes o patologías del corazón.

Si nosotros o algún familiar directo padecemos hemocromatosis, es fundamental que sometamos a n uestros hijos a análisis tempranos para determinar si han heredado el gen mutado y si desarrollan o no la enfermedad. El motivo es que una detección precoz de esta patología provoca un pronóstico muy bueno de la misma, ya que evitaremos a tiempo la acumulación excesiva de hierro y los problemas que ello genera. Por cierto, la hemocromatosis es más habitual en varones de 50 años o más.

Aunque es cierto que hay personas que nunca llegan a presentar signos de esta enfermedad, las primeras manifestaciones de la misma suelen llegar en forma de dolores abdominales y en las articulaciones, cansancio o fatiga, debilidad y, a veces, un color más oscuro en la piel. Luego, estos síntomas se agravan un poco más y pueden convertirse en diabetes mellitus, disminución de la libido, impotencia (en el caso de los hombres) y problemas cardíacos. Todo ello suele aparecer entre los 50 y los 60 años, pero es importante que sepamos desde el principio si nuestros hijos son portadores de ese gen o no, para tomar todas las precauciones posibles.

Lo adecuado es que nuestro médico habitual conozca nuestros antecedentes al respecto: si nosotros padecemos o somos portadores de esa enfermedad y si tenemos algún caso diagnosticado en la familia. Con esa información, el facultativo decidirá en qué momento debemos someter a nuestros descendientes a los análisis genéticos pertinentes, para conocer el diagnóstico.

En este punto es necesario explicar que la hemocromatosis hereditaria la provoca la mutación de un gen, llamado HFE, que controla la cantidad de hierro que absorbe nuestro cuerpo de los alimentos. Esta mutación se trasmite de padres a hijos, por lo que hay que estar al tanto de ello. Todas las personas heredamos el gen HFE de cada uno de nuestros padres. Lo s análisis genéticos determinarán si los hemos heredado con alguna mutación o no. En este caso, existen dos posibilidades. La primera es que heredemos dos genes anormales, en cuyo caso es posible que desarrollemos la enfermedad. La segunda es que sólo uno de los dos genes heredados esté mutado. En este último caso seremos portadores de la enfermedad. En ambos casos podemos transmitir la mutación a nuestra descendencia. Pero hay un dato para la esperanza: aunque 1 de cada 200 personas en Europa padece hemocromatosis, sólo un 10 por ciento de ellas la sufren en un nivel que cause daños graves en el organismo.

Por cierto, hay que saber que a pesar de todos estos datos hay otras tipologías de la enfermedad que rompen las estadísticas. Es el caso de la hemocromatosis juvenil, que se manifiesta entre los 15 y los 30 años y está provocada por la mutaci&o acute;n de otro gen distinto. También existe la hemocromatosis neonatal, que comienza ya cuando el feto está en desarrollo y que podría responder al perfil de una enfermedad autoinmune. Y, por último, la hemocromatosis secundaria, que no es hereditaria y la provocan otras enfermedades.

Volvamos a los factores de riesgo, para poder actuar cuanto antes en el diagnóstico precoz de la enfermedad en nuestros hijos. Como ya sabemos, tener dos genes HFE mutados es el principal desencadenante, pero hay otros. Por ejemplo, que existan antecedentes entre los familiares de primer grado. También si tenemos en nuestra familia precedentes de alcoholismo, patologías cardíacas o del hígado, enfermedades de las articulaciones, diabetes o impotencia. Por otro lado, si pertenecemos a la raza caucásica y tenemos antecesores procedentes del norte del continente, también tenemos más papeletas de padecer la enfermedad. Y, por último, el sexo: la incidencia de la hemocromatosis es mucho mayor en varones y se manifiesta más pronto.

Si nosotros o nuestros hijos formamos parte de la estadística, hay algunos consejos que conviene tener en cuenta para reducir los riesgos. Evidentemente el primer es eliminar de nuestra dieta los suplementos de hierro y los preparados vitamínicos que lo contengan. También aquellos que aportan un extra de vitamina C, ya que ésta colabora en la absorción del hierro. Además, hay que suprimir el consumo de bebidas alcohólicas para proteger al máximo a nuestro hígado. Puedes cambiarlas por la ingesta de té que, según parece, ralentiza la acumulación de hierro. Por último, saca de tu dieta los mariscos crudos ya que portan ciertas bacterias que pueden afectar directamente a la enfermedad.

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