La hemocromatosis es una patología derivada del exceso de hierro en el cuerpo. Esta afección se presenta con dos tipologías. La primera aparece por un trastorno genético congénito y se transmite de generación en generación. De hecho, si una persona tiene antecedentes familiares con esta enfermedad, será más propenso a sufrirla. Las personas que la sufren absorben demasiado hierro y lo almacenan en su cuerpo. Mucho de este hierro va a parar al hígado. El segundo tipo se contrae cuando se han recibido muchas transfusiones de sangre u obedece a trastornos como la talasemia o algunas anemias.

Las hemocromatosis hereditarias suelen afectar más a los hombres de más de 50 años, de raza blanca y con antepasados de Europa Occidental. Mientras que la hemocromatosis adquirida la encontramos en jóvenes que padecen o han padecido anemias graves y que han requerido transfusiones de sangre. También afectan a personas mayores con anemias crónicas.

Los síntomas suelen ser dolor en el abdomen y las articulaciones, cansancio acusado, falta de energía, oscurecimiento de la piel, reducción del vello corporal y del apetito sexual, adelgazamiento y mucha debilidad. Y es que un nivel hierro equilibrado es indispensable para vivir, ya que tiene un papel fundamental en el funcionamiento de nuestro organismo. Cuando no existe o lo tenemos en exceso, se descompensan todas  sus funciones y empieza a generar de manera incontrolada radicales libres, peligrosas para nuestro cuerpo. Normalmente, un exceso de hierro ataca al hígado, al corazón, a las articulaciones, al páncreas y a las hormonas. Además puede provocar cáncer, sobre todo de hígado.

Pero muchas veces, cuando aún no hay daños patológicos graves, los primeros síntomas aparecen con fuerza y pueden llegar a inhabilitar a una persona en su vida cotidiana. También pueden aparecer problemas de coagulación o retención de líquidos. Y, si la cosa pasa a mayores, pueden aparecer hemorragias, pérdida de conciencia o exceso de agua en la zona abdominal.

Cuando el enfermo es joven, cualquiera de los dos tipos de hemocromatosis puede atacar al corazón provocando, incluso, insuficiencia cardíaca. También puede derivar en una diabetes mellitus provocada por lesiones en el páncreas. El tratamiento de esta enfermedad en una persona con hemocromatosis es el mismo  que para el resto de los pacientes: dieta, ejercicio e insulina.

Las patologías articulares también son habituales en personas con exceso de hierro. Suelen localizarse en manos o cadera, aunque también puede afectar a otras partes del cuerpo. Por otra parte, las mujeres con hemocromatosis pueden perder su periodo y los hombres pueden padecer impotencia aunque estos síntomas no son habituales.

Ante la sospecha de esta enfermedad, el médico realizará varios exámenes físicos para comprobar si hay inflamación de órganos como el hígado o el bazo u oscurecimiento de la piel. También solicitará análisis de sangre para comprobar los niveles de ferritina, hierro y el porcentaje de saturación de la transferrina. También encargará pruebas genéticas, control de los niveles de azúcar en sangre y de alfa fetoproteína, controles cardíacos, tomografías, resonancias, ecografías o pruebas de la función hepática. Como veis, una larga lista de pruebas médicas dirigidas a descubrir o confirmar las anomalías de las que antes hablábamos (hígado, corazón, páncreas, hormonas…).

Finalmente, la existencia de hemocromatosis se ratifica con una biopsia de del hígado, aunque también puede ser con una flebotomía. De confirmarse, es recomendable realizar análisis de sangre al resto de la familia para descartar que también padezcan exceso de hierro.

En cuanto a la manera de tratar esta patología, lo importante es eliminar la sobrecarga de hierro y curar los daños que se hayan podido producir en los distintos órganos. Para lo primero, lo habitual es practicar una flebotomía: una incisión realizada en una vena que nos permita extraer aproximadamente medio litro de sangre cada semana hasta alcanzar un nivel correcto de hierro. Este tratamiento puede durar muchos meses y, una vez conseguido, es posible que haya que repetirlo cada cierto tiempo para mantener los niveles óptimos para el cuerpo humano.

En cuanto al resto de daños provocados, hay varias soluciones. Por ejemplo, tratamientos con hormonas para restituir el deseo sexual en los hombres o fármacos para la diabetes, las insuficiencias cardíaca o hepática o la artritis. Independientemente de ello, un enfermo de hemocromatosis debe seguir unas pautas en su dieta, destinadas a reducir al máximo la ingesta de hierro. Por ejemplo, no consumir productos de mar crudos, cereales, etc.

El pronóstico de esta enfermedad depende de la gravedad de los daños provocados. Si el diagnóstico es precoz, las posibilidades de recuperación mejoran. Si no, la patología puede derivar en cáncer de hígado, cirrosis, etc. Así que, si usted detecta uno o varios de los síntomas que enumerados anteriormente, contacte con su médico para que le realice las pruebas pertinentes. Y, para la prevención, se recomienda encarecidamente las pruebas a miembros de la familia de la persona diagnosticada.

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