Lo primero que hay que explicar es ¿qué es la hemocromatosis?, así que en este artículo vamos a empezar justamente por ahí. Se trata de un conjunto de enfermedades causadas por una sobrecarga de hierro en el organismo. Este exceso, a partir de determinados niveles, convierte a este micromineral en un elemento tóxico para las personas por lo que hay que actuar con contundencia y aplicar medios para eliminarlo.

Estos tratamientos difieren mucho en función de si se trata de una hemocromatosis hereditaria o si es secundaria o adquirida. La hereditaria se produce a raíz de la mutación de un gen que potencia la absorción del hierro en el tubo digestivo. Nos lo transmiten ambos padres y podemos ser portadores o desarrollar la enfermedad. En el caso de la hemocromatosis adquirida, la causa hay que buscarla en otras patologías previas. Lo importante en ambos casos es que se produzca un diagnóstico lo más temprano posible para evitar que degenere en daños irreversibles y graves.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento difiere según la tipología de la enfermedad. Para la de tipo hereditario suele consistir en la práctica de flebotomías, extracciones de sangre periódicas y regulares para ir rebajando los niveles de hierro en nuestro organismo. Al principio serán muy frecuentes y, una vez solucionado el exceso, se realizarán de manera más espaciada. No obstante, como el problema es crónico, las flebotomías se tendrán que prescribir de por vida.

Para la de tipo adquirido, el tratamiento es diferente y suele consistir en la prescripción de quelantes del hierro. Se trata de unas moléculas que se pegan al hierro y lo convierten en soluble para que el organismo pueda eliminarlo. Hay quelantes en forma de fármacos, como deferoxamina, deferiprona y deferasirox y hay otros naturales, como el té.

De hecho, si padecemos esta enfermedad, también tendremos que modificar nuestra dieta para reducir la ingesta de este micromineral y proteger los órganos que pueden resultar dañados. Por ejemplo, tendremos que evitar la ingesta de alcohol, que afecta directamente al funcionamiento del hígado. También reduciremos al mínimo el consumo de carne roja, hígado, aceitunas y chocolate. También nos abstendremos de consumir pescados y mariscos crudos. Por descontado, quedan eliminados los complejos vitamínicos que contengan hierro, limitar el aporte de vitamina C y sacar de nuestra dieta alimentos procesados.

Por otra parte, hay que hablar del tratamiento para paliar los efectos de la hemocromatosis en órganos concretos. Por ejemplo, si ha afectado al apetito sexual del enfermo, puede ser recomendable la prescripción de testosterona para recuperar la libido. O si ha provocado diabetes, habrá que pautar insulina para tratarla. Y, en el caso extremo de que afecte al funcionamiento de algún órgano, no se descarta el trasplante.

En general, el pronóstico de la hemocromatosis es mejor cuanto antes se diagnostique y trate. Si no se frena, puede acabar degenerando en enfermedades muy graves como el cáncer, la cirrosis, las patologías cardíacas o la diabetes. Por ello, si tenemos antecedentes familiares con este gen o que han desarrollado la enfermedad, hay que realizar pruebas desde el principio para su detección precoz.

De hecho, si se coge a tiempo hay muchas opciones terapéuticas que dan excelentes resultados. Pero si está en estados avanzados, los daños pueden no tener ya solución. En este punto queremos destacar la existencia de la Asociación Española de Hemocromatosis, donde podemos recurrir para pedir información y asesoramiento. Entre sus funciones también está la de sensibilizar a la sociedad sobre esta enfermedad, promover la investigación y facilitar la relación y la comunicación entre los pacientes, sus familias y los profesionales.

Dejar respuesta